images¿Qué hago?, ¿Lo pongo en penitencia?, ¿Lo castigo y no lo dejo hacer lo que le gusta?, ¿Le doy un chirlo de vez en cuando?, ¿Lo mando a su habitación y lo dejo llorar?, ¿Lo mando al rincón a pensar?, ¿Lo amenazo o lo asusto con algo para que pare y haga caso?…

Concuerdo con respecto a este tema con Claudia Ester Gerstenhaber, que en su libro Los límites un mensaje de cuidado hace una interesante reflexión sobre las diversas formas de intervenir de los adultos cuando quieren poner un límite.

 

Para pensar juntos…

La Penitencia o el rincón:

“Te vas al rincón a pensar”. ¿Realmente el nene va a pensar algo con respecto a lo que hizo o va a esperar que pase el tiempo lleno de bronca ?. ¿Está en condiciones de reflexionar solo sin la mediación y el sostén  del adulto?

“Te vas a tu cuarto en penitencia”. Lo excluimos como un castigo sin ayudarlo a entender y expresar saludablemente lo que siente.

Premios y castigos:

«Si haces la tarea te compro chocolates”. Esto implica adiestramiento, no aprendizaje. ¿Se los recompensa por hacer lo que deben? ¿Esto no estará generando especulación?.

“Como no guardaste los juguetes, ahora no ves la tele”. Estamos castigando a nuestro hijo, nos hace caso, pero… ¿Qué aprende?.

Obligar a pedir perdón:

Cuando no hay un arrepentimiento real y el nene da un beso y pide perdón por obligación ¿No les estaremos enseñando a ser hipócrita? Recordemos cómo nos sentíamos de niños cuando nos obligaban a hacer esto, seguramente nos daba mucha bronca y nos sentíamos impotentes por ser obligados a hacer algo que no sentíamos.

Gritos, violencia física y verbal:

Hay algunos padres que creen que a veces un chirlo a tiempo es necesario sobre todo frente a situaciones en que nuestro hijo corre riesgos, por ejemplo: tocar el enchufe, cruzar solo la calle, etc. Creo que a veces en estas situaciones es suficiente con elevar el tono de voz, decir un “no” firme y sujetar fuerte al niño protegiéndolo de la situación riesgosa. En general los golpes, los insultos o los gritos generan en los chicos bronca, sufrimiento, miedo, dolor y resentimiento. Al mismo tiempo les estamos enseñando un modo de relacionarse con los otros y de resolver problemas a través de la violencia: ¿Es eso lo que queremos que aprendan?

Amenazas:

“O te lavas los dientes o no te leo el cuento”. Le estamos dando la posibilidad de elegir, pero… ¿deben tener esa opción?, ¿las amenazas las cumplimos?.

Mentirles o asustarlos  para que obedezcan:

“Si no venís para acá el monstruo te va a comer” o “Ahí viene el hombre de la bolsa”… Esto genera mucho miedo, no olvidemos que los chicos creen en lo que les decimos los adultos. Cuando son muy pequeños no diferencian claramente realidad de fantasía. Al mismo tiempo les estamos enseñamos a mentir.

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Entonces, ¿Qué hacemos?:

  • Los chicos tienen que saber qué cosas pueden hacer, qué cosas no y por qué. Los limites son una forma de  dar amor que los ayuda a organizarse internamente.
  • Es importante permitirle a los chicos que experimenten los efectos de su comportamiento y que internalicen las normas paulatinamente. También es bueno enseñarles  a reparar el daño que hicieron, a hacerse responsables de sus actos y reconocer que sus acciones afectan a los otros, de manera amorosa y gradual. Por ejemplo: «No me gusta que me pegues, si me pegas me duele mucho, no me pegues decime que necesitas o que te pasa»,  otro  ejemplo “Esta  es la agenda de mamá, vamos a arreglar juntos la hoja que se rompió mientras jugabas con ella, esta agenda mamá la necesita para trabajar, hay que tratarla con mucho cuidado, cuando quieras ver mi agenda avísame y la vemos juntos».
  • Creo que lo importante es poder contener a los chicos de manera afectuosa, sin gritos, encierros,  golpes o amenazas (ya que esto no los ayuda a elaborar la situación ni a comprender lo que están sintiendo).
  • Es muy  saludable ir poniendo en palabras lo que sienten, darles tiempo y  ayudarlos a clamarse, luego conversar sobre lo que paso y ayudarlos a buscar otras maneras de resolver la situación. Por ejemplo «Papá se va a quedar al lado tuyo hasta que estés más tranquilo y podamos hablar sobre lo que te enojó tanto».

Comparto este video de fono infancia  para profundizar en este tema:

Fuente video: https://www.facebook.com/fonoinfancia?fref=ts

 

  • Es importante limitar la acción pero no bloquear la emoción y buscar una forma alternativa y aceptable para que exprese lo que siente. Por ejemplo, si tiene mucha bronca, se le puede ofrecer que le pegue a un almohadón, una hoja para dibujar su bronca, un trozo de masa para aplastar o alentarlo a decir qué le molesta y cómo se siente.
  • Les propongo poder pensar y tratar de entender que le pasa a nuestro hijo, pensemos… ¿Qué nos está queriendo decir?, ¿Qué necesita? Les propongo tratar de decodificar qué le está pasando y luego poner esto en palabras. A los nenes más chiquitos hay que ayudarlos a entender lo que sienten ofreciéndole palabras, por ejemplo: ¿Tenés miedo?, ¿Tuviste un sueño feo?, ¿Estás enojado porque papá no te vino a buscar?, «Se que estas muy contento y disfrutando mucho de tu juguete, pero ya es hora de dormir, mañana seguís jugando».
  •  Si transformamos el día en un  “NO” constante, se genera un clima agotador. Es importante que haya muchos «si» para que cuando aparezca el «no» tenga otro valor. En algunas oportunidades  podemos reemplazar el “no” y formular él limite de otra manera. Por ejemplo: cambiar el “No podes jugar más” por “en un ratito nos tenemos que ir, mañana volvemos a la plaza a jugar” o  en lugar de decir «No comas caramelos que vamos a comer» podemos decir «Ahora vamos a cenar todos juntos, mamá preparó una comida muy rica, cuando termines te podes comer un caramelo».

 

Conclusión

No hay recetas mágicas, cada niño, cada padre, cada madre y cada vínculo es diferente. Este artículo invita a abrir preguntas, a mirarnos en nuestra función de padres y a pensar que nos pasa a cada uno en particular con los límites.

Creo que es  importante comunicar y construir los límites desde el afecto,  establecer diálogos con los chicos, poder pensar juntos, ofrecerles herramientas para entender lo que les pasa y ver de que manera pueden ir expresándolo saludablemente.  Hay que ayudarlos a entender lo que sienten, poder ponerlo en palabras desde un lugar de comprensión, sostén y respeto.

Comunicar los límites y sostenerlos  implica un esfuerzo, energía y armarse de mucha paciencia. Es importante conocer nuestro nivel de tolerancia y apartarnos cuando es necesario, dejando la situación en manos de otro adulto que este más sereno. A veces puede ser difícil manejar la situación, nos podemos sentir sobrepasados, angustiados o agresivos, en esos casos es bueno pedir una consulta de crianza para  pensar juntos lo que nos está pasando.

 

Lic. M. Paula Gerardi  

Psicóloga especialista en infancia, acompañamiento en el embarazo y la crianza. Orientación a padres.

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